Descripción Amman, Jordan, Revista Amwal , www.amwal-mag.com
No hay nadie por ahí que no conozca a Talal Abu-Ghazaleh -de 68 años de edad – pero no todos quienes lo conocen saben que él es un Palestino-Jordano establecido en Kuwait desde 1960. Comenzó ahí su empresa con un préstamo de medio millón de dólares. La cantidad de sucursales de sus empresas –de la que él mismo no estaba muy seguro- se distribuye a lo largo de 49 países. Se especializan en diversas actividades, y lo que, según él, las vincula, son los puntos débiles en el munda Árabe, los que abordan y ponen al servicio de la economía Árabe.
El hombre ha sido un nacionalista Árabe desde su juventud, se siente orgulloso de sus antecedentes palestinos y de su ciudadanía jordana, y no se cansa de señalar las bendiciones que le han otorgado tanto el pueblo de Kuwait como su Emir.
¡Le gustan los desafíos, es optimista cuando se presentan problemas, y le agradece a Dios por cada nuevo día de vida, y sigue planificando sus negocios con siglos de antelación!
El Sr. Savid Jibeil, de Amwal, le hizo esta entrevista:
A principios de los años 70, la idea de establecer una empresa especializada en propiedad intelectual (PI) no era algo común, ¿Cómo se le ocurrió la idea? Asistí a una conferencia a fines de los años 60 donde oí por primera vez a un orador Norteamericano hablar de la PI, lo cual despertó mi curiosidad y me llevó a investigar el tema y sumergirme un poco más en los detalles. Luego de eso asistí a otra conferencia sobre derechos de propiedad intelectual (DPIs) en 1970 en San Diego, en donde me enteré de que éstos derechos son una importantísima prioridad en las naciones desarrolladas. De hecho ahora puedo afirmar, luego de una extensa experiencia en ese terreno, que éstos anteceden a los temas políticos en las agendas de los líderes de los principales países cuando realizan visitas de estado en el extranjero.
Lo que en un principio llamó mi atención en relación a su importancia fue una declaraciónde Franklin Roosvelt que afirmaba que “La propiedad Intelectual es el combustible que alimenta el fuego de la creatividad”. De modo que en 1972 ingresé al terreno al fundar Abu-Ghazaleh Intellectual Property (AGIP), con un préstamo bancario de medio millón de dólares. Los retornos de la empresa durante el primer año no superaron los 5 mil dólares, y esto se mantuvo más o menos así hasta el quinto año, cuando logramos un equilibrio entre los ingresos y los desembolsos.
Los Derechos de Propiedad Intelectual (IPRs)
¿Recuerda usted juicios contra algunas empresas, en los que su empresa haya trabajado, y haya ayudado a mantenerlas a flote?Hasta ahora hemos tenido 20 mil juicios y hemos ganado 19 mil. Pero no es apropiado el mencionar nombres de empresas en particular. Sin embargo, le haré un relato que hasta ahora no le había relatado a nadie: En 1972, tuve la sorpresa de ser llamado a la oficina de Su Alteza Sheikh Ahmad AlSabah, que era el Emir de Kuwait y además, por entonces, el Ministro de Finanzas. Cuando llegué, el jefe de la oficina me dijo que el Emir estaba bastante enojado conmigo. Entonces entré en su oficina nervioso y confundido, ya que no tenía idea de la razón por la que había sido llamado. Sin embargo, el Emir fue muy humilde y amable, y me preguntó: “¿Durante cuánto tiempo ha estado en Kuwait?” Le dije que llevaba 12 años en Kuwait, a lo cual respondió “Entonces no conoce nuestras tradiciones y costumbres; no nos agradan las cortes ni los juicios y preferimos resolver nuestros conflictos en forma pacífica” ¿Por qué intenta imponernos una demanda sin venir antes para tratar de resolver su problema en forma pacífica?”
Me sorprendí aún más, y le dije a Su Alteza que nunca lo demandaría en un juzgado. Así que él sacó de su escritorio un expediente con una demanda, la que había sido emitida por una de las cortes de Kuwait pidiéndole al Emir que, en su condición de Ministro de Finanzas, asistiera a un juicio interpuesto por AGIP – que representaba a una empresa de 7-UP. Me dí cuenta de lo ocurrido y le expliqué al Emir que 7-UP deseaba registrar su marca a fin de mantener sus derechos en el mercado de Kuwait, pero la persona encargada de la inscripción, que era un funcionario del Ministerio de Finanzas, se había negado a hacerlo basándose en el hecho de que “7” y “UP” eran dos palabras generales y que nadie tenía el derecho de reclamar propiedad sobre ellas, y tenía razón. Pero nosotros le habíamos explicado al funcionario que lo que deseábamos era registrar ambas palabras en esos colores en particular, para ese producto en particular, y en un contexto determinado, y aún así, él mantuvo su negativa.
Así que entablamos un juicio, y según la ley de Kuwait la citación es dirigida al Ministro de Finanzas, puesto que es él el responsable de sus empleados.
En ese punto, el Emir me pidió que le explicara más acerca de tales casos, lo que hice. Después de una prolongada conversación, le reiteré mis disculpas y le dije en tono de bromas que en cuanto abandonara el lugar retiraría la demanda y no volvería a negociar con la empresa 7 –UP ¡y que incluso no volvería a beber 7-UP nunca más, y que escribiría en mi testamento que mis hijos tampoco deberían beberla! Su Alteza rió y dijo “No hay problema, hijo, vaya al ministerio de gobierno que corresponda y encontrará que su problema ha sido resuelto sin necesidad de entablar un juicio en la corte”.
Este incidente, que ocurrió en los principios de mi carrera profesional, fue un punto importante en mi vida, ya que me motivó e hizo que este campo me gustará aún más. Sigo sintiendo una gran gratitud hacia el Emir, y también hacia todo el pueblo de Kuwait, ya que desempeñaron un papel importante en hacer que yo llegue hasta donde hoy estoy.
A lo largo de su extenso trabajo en la especialización en PI, ¿cuáles son las naciones árabes que más la respetan, y cuáles son las que no lo hacen? La mayoría de los estados Árabes, si es que no todos, cuentan con leyes satisfactorias en relación a la protección de los derechos de Propiedad Intelectual. El problema está en la aplicación de las mismas, que requiere que se perfeccionen tres factores:
En primer lugar, un sistema judicial calificado: No tiene sentido presentar un caso ante un juez que no comprende los diferentes aspectos de la PI, o la diferencia entre una innovación y una marca registrada. Ahora estamos preparando un libro sobre la anterior normativa publicada por las cortes Árabes en relación a esos juicios, de modo que sirva como guía para los jueces, y los ayude.
En segundo lugar, un sistema legislativo avanzado: La mayor parte de la legislación impone límites o sanciones máximas a las violaciones, las que por lo general no tienen efecto disuasivo, lo que en mi opinión, es equivocado. La sanción debería ser proporcional a la trasgresión. De modo que si una empresa ocasiona daño a otra por un valor de un millón de dólares y la multa que resulta es de sólo diez mil dólares, obviamente el castigo no es un disuasivo apropiado.
En tercer lugar, la calificación y la capacitación: En todas nuestras universidades Árabes, salvo en contadas ocasiones, no existe la enseñanza ni los programas relativos al tema de la PI.
Pero en general, lo que las naciones Árabes han llevado a cabo recientemente durante sus más de 30 años, o algo así, de independencia, es un logro importante, y supera lo que han logrado importantes países durante los primeros 30 años de su historia.
A propósito, tengo un informe norteamericano que confirma que Israel es el país que más ha violado los derechos de propiedad intelectual y que finalmente ha entrado en la lista negra de Norteamérica de países que violan globalmente los derechos de propiedad intelectual.
La organización Talal Abu-Ghazaleh cuenta con diversas empresas separadas, en donde una de ellas ofrece servicios legales, la otra ofrece servicios contables y de auditoria, una tercera se dedica a la transferencia de tecnología, y aún hay otra que se dedica a la Propiedad Intelectual, junto con un centro de traducciones, capacitación profesional, etc. Entonces, ¿Qué es lo que vincula entre sí a todas estas diferentes actividades?
En primer lugar, son todas actividades de prestación de servicios, y la Organización Talal Abu-Ghazaleh (TAGorg) es una organización de servicios y consultoría técnica, y no tenemos nada que ver con inversiones.
En segundo lugar, he sido un nacionalista Árabe desde mi juventud, y sigo creyendo en el nacionalismo Árabe aún cuando éste terminó siendo un movimiento y no una verdad. Esta creencia ha tenido un gran impacto en mis directrices y tendencias, ya que he estudiado el mercado Árabe, y he visto que la región necesita desesperadamente una empresa que se especialice en propiedad intelectual y marcas registradas, de modo que fundé AGIP. Ese mismo año sentí que el mercado necesitaba una empresa contable certificada, entonces fundé Talal Abu-Ghazaleh International (TAGI).
Por ese tiempo la profesión era dominada por lo que se conocía como las Grandes 8 (Big 8), que se convirtieron ahora en Las Grandes 4, que constituyen globalmente las mayores firmas contables en el terreno de la contabilidad certificada y casi monopolizan la profesión en el mundo. Es decir, con excepción de la región Árabe, en donde se dice 4 + 1 refiriéndose a Abu-Ghazaleh y las cuatro principales firmas, que son Deloitte, Ernst and Young, KPMG y PriceWaterHouseCoopers. Fuimos capaces de competir –gracias a Dios- con esas empresas luego de apenas 5 años de haber ingresado en el mercado.
¡Cuál es para usted el secreto del número 5? No existe un secreto. Existe la guía de Dios, y suerte. Eso es algo que no niego. Comencé mi trabajo en Kuwait en 1972, y luego de que se diera esa enorme prosperidad en la región del Golfo. Era mucho lo que llegaba desde las empresas Occidentales a la región con insistencia en aplicar estándares de Propiedad Intelectual, y una extrema necesidad de las empresas de especializarse en contabilidad certificada, y simplemente ocurrió que yo llegué en el momento preciso.
A propósito, cuando comencé a trabajar como contador certificado había una gran escasez de aquellos que trabajaran en esta disciplina, y la sigue habiendo. Por ejemplo, la población de Estados Unidos es aproximadamente equivalente a la del mundo Árabe, si bien en Estados Unidos hay alrededor de un millón de contadores certificados, en tanto la cantidad de ellos en el mundo Árabe es inferior a 10 mil. Esto remite al hecho de que los 4 estados anglosajones (Canadá, Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia) monopolizan las calificaciones profesionales en esta esfera, y fuera de estos países no existen institutos que emitan certificados reconocidos en esta área. Por lo tanto, quien quiera ingresar en esta profesión debe viajar a uno de esos países para obtener calificaciones, lo cual es una situación contra la cual he luchado mediante las organizaciones internacionales tales como la ONU. Por mi parte, sigo esforzándome por establecer estándares equivalentes al certificado CPA y por ganar reconocimiento internacional para cualquier participante que cumpla con esos estándares.
¿Y han fructificado esos resultados?
Sí, enormemente. Pero ahora el problema está en la etapa de aplicación. Obtener reconocimiento por parte de las comunidades internacionales es una cosa, y su aplicación es otra. La lucha aún no ha terminado, pero no podemos seguir esperando, creamos la Arab Society of Certified Accountants (ASCA) (Sociedad Árabe de Contadores Certificados) en 1984. Por la gracia de Dios fuimos capaces de obtener reconocimiento para los certificados de la Sociedad por parte de la Universidad de Cambridge, que llevan el sello de la Sociedad y la firma del Presidente de la Universidad de Cambridge. Ahora contamos con más de 3 mil estudiantes provenientes de diversas naciones árabes estudiando en la Sociedad y obteniendo certificados con reconocimiento internacional.
Hasta el momento hemos hablado de derechos de PI y de contabilidad. ¿Qué puede decirnos de los servicios legales? Son complementarios a lo ya mencionado, y no pueden excluirse que una empresa que trabaja en el ámbito de las marcas registradas y la contabilidad certificada.
¿Si es ese el caso, qué tienen que ver esas actividades con la tecnología? Esa es una historia completamente diferente. A principios de los años ochenta me dí cuenta de la importancia de la tecnología y en particular de la tecnología de la información y las comunicaciones, con el acento en la Internet.
Por ese tiempo, Internet era todavía algo desconocido para la mayoría de las personas, y recuerdo que fui invitado a un programa de televisión en donde el anfitrión intentaba desesperadamente entender el concepto de ésta.
De todos modos, me di cuenta de que ésta iba a desempeñar un papel importante a niveles económicos, políticos y culturales, e incluso en lo educacional. Entonces fundé Talal Abu-Ghazaleh Information Technology International. Mi opinión era, y sigue siendo, que Internet es el mayor de los presentes que los Norteamericanos le hayan dado al mundo. Sin embargo Internet jamás podría haber aparecido si no fuese por los números uno y cero, los que fueron creados por nosotros, los Árabes. Por lo tanto, no tuvimos problemas en lidiar con esta tecnología avanzada.
Intento, mediante mi empresa, realizar trabajos generales, a través de organizaciones internacionales, a fin de defender nuestros derechos como Árabes de relacionarnos con Internet en caracteres arábicos. El Secretario General de la ONU me designó para dirigir una comisión cuya tarea es la de tender un puente que conecte la brecha digital entre el Norte y el Sur. Esta comisión surgió de una cumbre mundial que se realizó en Nueva York el año 2000, y en la actualidad hemos completado todos los aspectos técnicos para arabizar Internet, y el único problema que falta resolver es uno relacionado al cuerpo de administración de Internet; ICANN. Es una batalla que no perderemos, y mis amigos saben que doy lo mejor de mí cuando enfrento problemas, ya que éstos despiertan todas mis energías y capacidades.
Pero, ¿por qué todas esas batallas? ¿Cuál es el problema en arabizar o traducir cualquier sitio Web que usted desee? No, en esto hay que ser claros. No estoy hablando de traducción. Estoy hablando de caracteres arábicos en Internet, lo que quiere decir que cuando usted desea ingresar al sitio Web de su revista, usted no escribe la palabra “Amwal” en idioma Árabe, si no más bien deletreando A-M-W-A-L en Inglés. Es eso lo que intento cambiar. Tampoco deseo tener que recibir mis correos electrónicos como adjuntos.
Este problema no se limita solamente a los Árabes, sino también a muchas otras naciones, tales como China, Corea, Japón y otras más. Lo divertido es que esos estados representan la mayor parte de los usuarios de Internet. En 1980, Estados Unidos de América representaba 80% de los usuarios de Internet. Ahora, sin embargo, 60% de los usuarios de Internet provienen del mundo en vías de desarrollo, y para el año 2010, los chinos representarán 50% de los usuarios de Internet, y los norteamericanos disminuirán a un porcentaje de apenas 30%.
Este problema preocupa mucho a los norteamericanos, pero esta preocupación no niega el derecho de esos países de usar Internet en sus propios idiomas. Es este derecho el que llevó a la creación del Multilingual Internet Name Consortium (MINC) (Consorcio Multilingüe de Nombres de Internet), que es una gran coalición que incluye a los principales países que no son de habla inglesa, y cuya sede permanente está en nuestras oficinas y es dirigido por un hombre Árabe al cual apoyamos.